«Sigo pensado que puedo mirar atrás y regresar a mi preciado
hogar, donde me esperaría un enorme abrazo de parte de mi familia, mis amigos
me contarían sus más recientes aventuras y ella me recibiría con su encantadora
sonrisa, pero sé que nada de esto volverá a pasar…»
Capítulo 1.
El
repiqueteo de la lluvia había amortiguado el fastidioso sonido proveniente de
la casa de al lado. Llevaba horas sacándolo de quicio haciendo el mismo
tintineo una y otra vez, sin detenerse ni un momento. Creyó que al cerrar las
ventanas reduciría el molesto sonido, sin embargo, como obra del demonio, esté
se incrementó al igual que el calor. Estaba harto. Del calor. Del sonido. De sí
mismo.
Se
levantó, dispuesto a callar ese espantoso sonido de una vez por todas. Fue
entonces cuando comenzó a llover y sus preocupaciones desaparecieron… Al menos
algunas de ellas. La lluvia había aliviado ciertas tensiones, pero revivido
otras. Era como si la lluvia le indicará que no tenía derecho a ser feliz. Como
si se hubiera decidido a recordarle aquel pasado que deseaba enterrar en lo más
profundo de su corazón. En un lugar donde no fuera capaz de hallarlo de nuevo y
dejarlo completamente en el olvido. Fue lo que se propuso y lo que pensaba
realizar.
Respiro profundo y se dijo a sí mismo que olvidara.
Que no recordara. Que siguiera adelante. Por eso se encontraba ahí. En ese
lugar, lejos de su familia, amigos y de sus dolorosos recuerdos. En un lugar
donde fuera capaz de realizar nuevos recuerdos y dejar atrás a los antiguos. Sus
pensamientos se vieron interrumpidos. Su celular estaba sonando por vigésima
vez y por vigésima vez no respondió. Lo dejó al lado de su cama y se recostó en
ella.
Tenía que hacer algo. Conseguir un trabajo era lo
primordial. El dinero que llevaba sólo le alcanzaría hasta el fin de mes y
después de eso no sería capaz de pagar el alquiler del humilde departamento en
que se había hospedado, ni mucho menos atenderse en sus necesidades. Pero
conseguir trabajo no era sencillo. Su edad y su experiencia lo limitaban
drásticamente, sin mencionar que muchos trabajos le solicitaban, por lo menos,
la preparatoria.
Y ese era otro de sus problemas. Él no deseaba
estudiar pero era algo que tenía que hacer. Se lo había prometido a sus padres
y a ella, y por ella se tomaría la molestia de estudiar. Ya había hecho los
trámites para ingresar en un colegio local. Desde entonces habían transcurrido
dos semanas y su ingreso sería mañana.
El celular volvió a perturbar sus pensamientos. Lo
tomó y esta vez respondió.
—Richard, gracias a Dios que respondes. ¿Te
encuentras bien? ¿Dónde estás, cariño? Tu padre y yo estamos muy preocupados
por ti. Dinos donde te encuentras e iremos a buscarte, hijo yo…
—Mamá —la interrumpió— Por favor, detente. No
necesito de su ayuda. Estoy bien.
—Richard, necesitas volver. Te ayudaremos…
—¿Ayudarme? ¿Con qué? Me encuentro bien. Solo
necesito estar sólo.
—Hijo. Mi cielo, no te atormentes. Regresa. Todos
te esperamos, incluso…
—¡Detente! —exclamó— Mamá…no pienso regresar. El
irme fue una decisión que no pienso revocar. Es lo mejor que puedo hacer.
Discúlpame.
—Espera…
Colgó. No tenía sentido continuar con aquella
conversación. Él permanecería ahí, lejos del este y apartado de todos.
Apagó el celular y lo dejó fuera de su alcance. Vio
que la lluvia amainaba y que el sol llevaba horas oculto. Las estrellas
resplandecían en el cielo despejado. Las contempló por unos instantes, hasta
que decidió ir a dormir.
Se despertó temprano. Sintió que no había dormido
nada, pero el reloj indicaba exactamente las 6:00 de la mañana. Había dormido 8
horas, las cuales no habían sido lo suficiente. Además estaban los sueños, o
mejor dicho pesadillas. De alguna forma su cuerpo se había programado para
revivirle una y otra vez su desgracia en cualquier momento, ya fuera despierto
o dormido siempre veía la sombra de su error reflejada en todas partes y,
aunque provoque dolor, cada uno de esos sueños y alucinaciones ahora eran una
costumbre en su vida.
Se levantó. Se duchó rápido y se puso lo primero
que encontró. En tan sólo unos instantes ya estaba listo para salir y encarar
de nuevo al mundo. Tomó las llaves de su apartamento y se detuvo un breve momento
ante el espejo. Se contempló. Un rostro tan común, ni apuesto ni feo, un rostro
que pasa desapercibido frente a la mayoría de las personas. ¿A quién le
interesaría una persona como él? Por supuesto que a nadie. La gente le decía
que era muy listo, gentil y valiente, pero él era patético en su interior, al
menos, eso es lo que él mismo pensaba de sí.
Apartó la vista y salió del cuarto.